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Instrucciones para desear y finalmente comprar un árbol atrapado en una panorámica invertida

  1. Déjate atrapar por la imagen . No las mires como se miran los cuadros en un museo, con los brazos cruzados y la distancia exacta de un catálogo. Mírala como si hubieras tropezado con un portal y al otro lado estuviera un bosque donde nunca has estado pero siempre has recordado.
  2. Acércate lentamente . No interrumpas el aire entre tú y la fotografía. Observa el tronco como si fuera la columna vertebral del mundo. Pregunta en silencio si alguna vez has estado ahí, si acaso soñaste esa corteza o si la luz que se filtra entre las ramas ha tocado antes tus párpados cerrados.
  3. Deja que el deseo crezca . No compres de inmediato, pero tampoco tardes demasiado. Es un juego de equilibrio: el árbol debe echar raíces en tu pensamiento, pero no tanto como para que creas que siempre ha sido tuyo.
  4. Imagina el lugar que ocupará en tu vida . Un espacio en la pared, un rincón de luz, el fondo de tu retina cuando despiertes. Si en el pensamiento ya lo habitaste, entonces el árbol te ha elegido a ti.
  5. Pregúntate si es necesario . Si la respuesta es no, estás equivocado. Un árbol siempre es necesario.
  6. Paga sin culpa . No estás comprando una imagen, sino una presencia. No es papel, no son píxeles, es la extensión de un bosque donde nunca dejarás de estar.
  7. Llévalo contigo . Camina por la calle con él en las manos, que el mundo sepa que ahora llevas un árbol dentro.
  8. Cuando llegues a casa, colócalo con ceremonia . No es solo decoración. Es un talismán, una ventana, una raíz en la pared.
  9. Cada cierto tiempo, míralo en silencio . Si alguna vez te sorprendes respirando más lento, sintiendo el frío de un bosque que no está ahí, o escuchando el crujido de las hojas sin haberlas pisado, entonces el árbol ha crecido dentro de ti.
  10. Felicítate por la compra . No todos los días se adquiere un fragmento del mundo con la capacidad de recordarte quién eres.
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Serie a la venta

Árboles

Mónica Pérez. MONIXX

Fotografías digitales- panoramicas invertidas, impresión digital sobre paple de algodon.

El árbol, en su verticalidad imponente y su arraigo en la tierra, ha sido históricamente un símbolo de vida, memoria y conocimiento. En esta serie de fotografías digitales capturadas con una técnica de panorámica invertida, el árbol deja de ser un fragmento imposible de contener en una imagen convencional y se revela en su totalidad. La intención es superar los límites de la percepción fotográfica tradicional para expandir el campo de lo visible, generando una experiencia inmersiva que coloca al espectador en un punto de vista humano, pero con una visión amplificada.

Los árboles retratados—haya y liquidámbar—se erigen como monumentos vivos en el invierno del bosque de Coatepec, Veracruz. Su presencia, de hasta 15 metros de altura, suele ser inabarcable en un solo encuadre, una dificultad técnica que esta serie resuelve a través del recurso de la panorámica invertida. Así, se logra una contemplación total del árbol, donde el detalle de su corteza, sus ramas desnudas y su estructura orgánica emergen con una claridad escultórica.

En esta exploración visual, la imagen fotográfica se vuelve un objeto tridimensional en sí mismo, una manifestación de la Quinta Máquina, ese mecanismo conceptual que articula la construcción colectiva del conocimiento a través del arte. Bajo la Quinta Máquina, el sistema triangular que aprendí en la escuela—espacio-tiempo-forma—se ha reinterpretado en un rizoma sin inicio evidente. El sistema que hoy construyo emula a las raíces y el ramaje del árbol. En este momento, puedo detectar otros tres momentos dentro del proceso de construcción de conocimiento desde el arte: la experiencia artística, el prompt o la panorámica invertida como presencia de la tecnología del momento, y el simbolismo del material. Este sistema rizomático abre nuevas posibilidades de interconexión y crecimiento en la exploración del conocimiento.

Así, el bosque se convierte en un espacio de reflexión sobre la escala, el tiempo y la memoria. La panorámica invertida no solo documenta, sino que transforma la manera en que nos situamos ante la naturaleza, proponiendo un diálogo entre la mirada humana y la estructura orgánica del mundo que habitamos. Este ejercicio visual es, en última instancia, una extensión de la búsqueda artística por revelar nuevas formas de entender la materia y el espacio en nuestra relación con el entorno.

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